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Miguel Gila charló de veras con el enemigo – Anécdotas de la Guerra Civil de España –

Miguel Gila - Soldado en la Guerra Civil de España

Es famosa la conocida pregunta: ¿Es el enemigo? Lo cierto, es que en la Guerra Civil de España , Miguel Gila habló en más de una ocasión con el enemigo durante los años que fue soldado. Esto no era una excepción, pues mis padres me contaban que era bastante habitual que entre los soldados de uno y otro bando, a veces se hablasen desde las trincheras y se preguntaran unos a otros, por cómo estaban los de su pueblo, e incluso por sus familiares, pues la Guerra Civil de España dividió muchas familias, en unas ocasiones por ideología, y en otras simplemente porque se encontraban en una u otra zona y les tocaba luchar con el bando que ejercía el poder en ese momento en esa zona. Es lo que tiene las Guerras Civiles, si todas las guerras son absurdas, las guerras entre ciudadanos de un mismo país supera el más absurdo de los absurdos.

A continuación os dejo tres de esos encuentros auténticos de Miguel Gila con el enemigo.

Unos enemigos “muy amables”

Miguel Gila - Guerra Civil de España - Regimiento de la Pasionaria

Aunque Gila se alisto voluntario en el 5º Regimiento de Lister, al final sin saber muy bien por qué, fue al frente con el Regimiento Pasionaria, aunque pertenecía a las Juventudes Socialistas. Pero parece que al final éste se integro en el 5º Regimiento de Lister.

Miguel Gila se alistó con diecisiete años, el 12 de marzo de 1937 cumplía dieciocho años y pidió permiso a su sargento para poder ir a casa ese día, y se le concedió. Cuando regresó a su regimiento de La Pasionaria había sido integrado en el 5º Regimiento que comandaba Lister y trasladado al frente de Guadalajara.

Cogió su bicicleta y emprendió el camino en búsqueda de su regimiento. Dejó la bicicleta en Torija y continuó andando por caminos llenos de barro.

 

 

 

…Vi el fuego de una hoguera a lo lejos y me dirigí hacia él. Cuando llegué, vi que unos cuantos soldados estaban a su alrededor. Pregunté:

-¿Sabéis dónde está el 5º Regimiento?

Sin inmutarse, como si se tratara de lo más natural, me dijeron:

-Nosotros somos nacionales. Tu regimiento creemos que está por allí.

Y en la oscuridad me señalaron hacia el otro lado de la carretera.

Yo también con la mayor naturalidad, les di las gracias y me dirigí hacia donde me habían señalado. El terreno era chato, con arbustos y piedras en los sembrados empapados por la lluvia. Llegué hasta una paridera de ganado, y ahí estaban mis compañeros, que se llevaron una gran alegría al verme.

Un enemigo, amigo: Fermín

Miguel Gila - Guerra Civil de España - Trincheras milicianos

Soldados en la trinchera, frente al Hospital Clínico, Madrid, marzo de 1937. Desde las trincheras luchaban y en las trincheras como podemos ver comían y pasaban muchas horas de incierta espera.

 

Miguel Gila como todos los soldados tenía que hacer sus guardias en las trincheras, y en una de esas guardias le sucedió algo que podría parecer realmente extraño, pero en medio de la locura de una Guerra Civil, se convirtió en algo que ocurría bastante a menudo.

 

 

 

 

 

…Me sentía tan solo que no puede evitar tomar contacto con él, aunque sólo fuese de palabra. Le di un grito:

-¡Eh, tú, el cantante!

Me respondió:

-¿Qué quieres?

-Nada. Es que te he oído cantar y por tu manera de cantar me parece que eres vasco o asturiano.

-No. Soy de Pamplona. ¿Conoces Pamplona?

-No. No la conozco, pero he oído hablar de los San Fermines. Creo que os lo pasáis bárbaro.

-Muy bien. Cuando termine la guerra te invito a mi casa en Pamplona para que los conozcas. Te vas a divertir.

Le pregunté cómo se llamaba y dijo:

-¿Y cómo quieres que me llame, coño? Fermín.

Y se echó a reír.

-¿Y tú?

-Miguel

Cada noche, la hora y media que duraba la guardia era un diálogo permanente entre Fermín y yo. Ya se había hecho una costumbre. Yo, desde mi trinchera le preguntaba a qué hora tenía guardia al día siguiente, luego le pedía a mi sargento que me pusiera la guardia a la misma hora que la de Fermín.

Me contó que tenía novia, le dije que yo también, me dijo que le gustaba mucho el fútbol, a mí también. Me contó que trabajaba de camarero en un hotel, yo le conté que trabajaba de mecánico.

Fueron muchas noches de hablar y contarnos cosas. Fue un enemigo muy amigo, del que sólo llegué a conocer su voz. Ojalá que en el momento en que escribo esto aún viva y que al final de la guerra se haya casado con aquella novia de la que me habló y que junto a ella viva rodeado de sus hijos y sus nietos.

 

Creo que de esa situación me nació el gran rechazo hacia los que, con la disculpa de defender una bandera, mandan a los jóvenes a ese matadero que es una guerra. Ya lo dijo Victor Massuk: «La fauna política ha reducido las masas a un soñoliento rebaño unificado estúpidamente en el aplauso, en el slogan y la hipnosis de la propaganda.» Y yo repito lo que ya he dicho cientos de veces:

«Un país es una nación a la que los militares llaman patria

Andanzas tras el fusilamiento fallido: Encuentro con legionarios

Miguel Gila - Fusilamiento - Guerra Civil de España

Miguel Gila, sobrevivió milagrosamente al fusilamiento en la Guerra Civil de España. Escena de fusilamiento en la Guerra Civil de España.

 

Tras ser hecho prisionero Miguel Gila por los moros de la 13ª División del general Yagüe en diciembre de 1938 en el Frente de Extremadura, y su fusilamiento fallido, una vez que se fueron los verdugos cargó con su compañero herido el cabo Villegas, que sangraba abundantemente.

 

 

 

 

Conseguí llegar con el cabo Villegas sobre mis hombros hasta Hinojosa del Duque, ya en poder de los nacionales, fui hasta la parroquia y se lo entregué al cura. Pensé en huir hacia Portugal cruzando sierra Trapera, pero sabía que si alguien del ejército rojo entraba en tierras portuguesas, era entregado a las tropas de Franco. Así las cosas, tomé la dterminación de buscar dentro de aquel desbarajuste algún vestigio de gente con vida. Llegué a Villanueva del Duque, vi una hoguera en el interior de una casa y entré. El miedo se había quedado atrás, en el lugar del fusilamiento. Entré sin importarme quiénes eran los que estaban alrededor del fuego, si rojos o nacionales, el hambre y el frío me habían dado el valor o me habían eliminado la cobardía, lo mismo da.

 

Mi entrada y mi aspecto asombró a los que estaban alrededor del fuego. Ninguno echó mano a su fusil, mi cara demacrada y mis pies, que aunque me los había envuelto con trapos me sangraban, los desconcertó. Les dije que pertenecía al ejército rojo y que formaba parte de una columna de prisioneros que venía hacia el pueblo. Ellos, los de la hoguera, eran legionarios y odiaban a los moros. Uno de los legionarios al oírme hablar me preguntó si yo era de Madrid, le dije que sí, él también, y estuvimos charlando unos instantes. Me dejaron que secara mi ropa y mis pies, me dieron agua, una lata de carne, otra de sardinas, pan, tabaco, algunos tomates, una manta y unas alpargatas, después me dijeron que me fuese, para que si llegaba alguno de sus mandos no se vieran comprometidos. Así lo hice. Me senté a las afueras del pueblo y esperé la llegada de la columna de prisioneros en la que iban algunos de mis compañeros. Cuando llegaron donde estaba yo se llevaron una gran alegría al verme vivo. Me uní a ellos.

FUENTES: 
Y entonces nací yo. Memorias para desmemoriados de Miguel Gila.ISBN: 84-7880-503-6.
Sol y Moscassimft.fundaciontelefonica.com10 años sin Miguel Gila de TVE

 

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